En el siglo V de nuestra era, el Papa San Gelasio I desplazó la marcha pagana de Los Lupercales para reemplazarla por una procesión con candelas, el día de la Purificación de María Santísima y la Presentación del Niño Jesús en el Templo. Un milenio después, en las islas Canarias tuvo lugar una maravillosa aparición que se expandió con fuerza por las tres Américas.
Finalizaba la Edad Media cuando la corona castellana inició la conquista de las Islas Canarias. El archipiélago había sido visitado por navegantes europeos y la presencia de nativos motivó a los frailes mallorquíes a trasladarse allí para iniciar su catequización.
Un milagro en las Canarias
Cuenta Fray Alonso de Espinoza que en una fecha entre los años 1400 y 141, dos aborígenes guanches de la comarca de Guimar, isla de Tenerife, se disponían a introducir el ganado en unas curvas que servían de corral, sobre los barrancos de Chimisay, cuando los animales, extremadamente nerviosos, se negaron a entrar. Fue entonces que vieron a cierta distancia, parada sobre un peñasco a orillas del mar, a una bella dama que los observaba. Como por entonces los hombres tenían prohibido tratar con mujeres fuera de las aldeas, le hicieron señas para que se alejase y permitiese al ganado pasar. Grande fue su sorpresa cuando los brazos del que intentó hacer señas se paralizaron. Entonces, su compañero extrajo un cuchillo para herir a la dama, pero al clavar la hoja, en lugar de lesionarla, sintió una aguda puntada en su propio cuerpo a la misma altura en la que había asestado el golpe.
Nuevos prodigios
Aterrorizados, los campesinos huyeron del lugar en dirección a Chinguaro, su aldea, donde relataron los hechos al rey Acaymo quien decidió acudir al lugar para ver por sí mismo lo que ocurría. El soberano, acompañado por sus consejeros, llegó hasta el peñasco y ahí pudo ver que lo que decían sus súdbitos era verdad. La imagen de una hermosa dama con un niño en brazos y una candela en la mano, yacía de pie sobre una roca.
Como no se atrevió a tocar la imagen, el soberano dispuso que los dos pastores que la habían descubierto la recogiesen y llevasen hasta la cueva que le servía de palacio. Y al hacerlo así, curaron sus heridas milagrosamente.
Acaymo quiso ser parte de aquel milagro y exigió que se le entregase la imagen. Y de ese modo, con ella en brazos, echó a andar. Sin embargo, al cabo de un tiempo, el peso lo agobió y debió pedir ayuda. De esa manera, los aborígenes regresaron a su aldea y depositaron la imagen en la cueva que el rey utilizaba como morada. Un poblador de nombre Antón, que había sido esclavo de los españoles pero que al cabo de un tiempo logró escapar y regresar a su tierra, reconoció en la efigie a la Madre de Dios, cosa que se apresuró a explicar al monarca.
El santuario de la Virgen
La conquista española encontró auqella tierra evangelizada por la misma Virgen, razón por la cual, en el lugar de la aparición fué colocada una cruz y en aquel otro en el que el rey pidió auxilio, un santuario en honor de Nuestra Señora del Socorro. La cueva donde fué depositada se convirtió en una capilla y en 1526 se construyó sobre ella un santuario para venerarla y agradecer los muchos prodigios que había realizado. Por esa época, los españoles sustrajeron la imagen. Poco después se desató una epidemia que los pobladores atribuyeron al sacrilegio, y esa fue la razón por la que, al poco tiempo, apareció.
En las tres Américas
La advocación pasó a América de la mano de los conquistadores y se propagó con increíble velocidad por todo el continente. En 1826 una inundación se llevó la imagen pero para entonces el amor que los pobladores tenían por ella era muy fuerte y su devoción se hallaba profundamente arraigada. Por esa razón, poco tiempo después se hizo una réplica exacta de la Virgen que es la que se venera en la basílica actual.
El 12 de diciembre de 1867 la Sagrada Congregación de Ritos declaró a Nuestra Señora de la Candelaria patrona del Archipiélago Canario y el 13 de octubre de 1889 fue coronada canónicamente.
En 1780 una figura tallada en piedra, fué descubierta en Copiacó, Chile por Manuel Caro Inca. En Puno, Perú, se convirtió en patrona de la ciudad y desde 1640 es protectora de numerosas ciudades de nuestro continente, entre ellas Tlacotalpan (México), Huehuetanango (Guatemala), Medellín (Colombia), Humahuaca (Argentina) y otras poblaciones de la Quebrada. Su fiesta se conmemora el 2 de febrero.
✒ Nuestra Señora de la Candelaria. Revista Cruzada. Año VII N°37 Buenos Aires, diciembre de 2008.
Imagen: Nuestra Señora del Buen Recodo (La Candelaria). Anónimo. Óleo sobre tela 119x86. Siglo XVIII. Colección Celso Pastor de la Torrea. Pintura Virreinal Cuzqueña. Perú.
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